domingo, 12 de noviembre de 2017

Madeira para celebrar los 40!


Habías planificado hace tiempo un viaje así, pero por unas cosas u otras nunca salía. Los primeros viajes comenzaron con ella, con tu mejor amiga, en un interrail improvisado en el 98, pero que ya se han convertido en recuerdos muy lejanos. Sin embargo, tenemos una baza a nuestro favor y es que  este es nuestro año! La nueva juventud de los 40, que la estamos poniendo de moda. Eso de cuarentones con carácter rancio no se lleva. Todo lo contrario. La mejor edad que se ha de celebrar como toca, a lo grande, y que confieso que ahora con mi estrenada maternidad casi que vi peligrar... pero que al final todo es compatible... bueno al menos este año sí ;-)


Destino elegido: Madeira



Tenía los ojos puestos en este país hacía tiempo, y aprovechando que a Sandra le gustaba la  idea, y que encima Guillermo ya lo conocía, pues no había más que ponerse a buscar vuelos. Encontrar una super mega oferta de vuelos para este destino es arduo complicado ya que no hay directos, y todos o casi todos tienen su transbordo en Lisboa. Generalmente un billete i/v puede estar entorno a los 300€, aunque como siempre todo depende de las fechas y la antelación con los que los compres.

Como curiosidad comentaros que el aeropuerto de Madeira estuvo considerado hasta hace bien poco como uno de los más peligrosos, aunque ahora ya lo han mejorado, y la verdad nuestro aterrizaje fue bastante mejor que el que hicimos Asturias - Lisboa en un mini avión de hélices que nos los puso a todos de corbata en el aterrizaje...

Madeira es una isla pequeña situada al sur de Portugal. Una de esas pocas islas que a pesar de tener su turismo, no está excesivamente explotada. Quizás sea un destino que se nos olvida poner entre nuestra lista de próximos viajes, algo que extraña, porque sin duda su paisaje desborda cualquier idea con la que uno pueda llegar a la isla. Sus montañas, desniveles, su vegetación, sus pueblos, su gastronomía... 3 días que nos dejaron con ganas de más. Madeira da mucho juego para hacer cosas diferentes cada día, y aunque la isla se recorre fácilmente, reconozco que un par de días más hubiera sido ideal. Son de esos sitios que cuanto más ves, más ganas tienes de conocer, y si te gustan las rutas y el senderismo te vas a volver loco! Ahora eso sí, no es un destino de playa, si vas con esa idea, no es el sitio ideal. Las playas, suelen ser de piedra o cantos rodados, pero si aún así tienes mono de un día entero de toalla y playa, siempre puedes irte a conocer su pequeña isla de Porto Santo, que se encuentra a un par de horas de ferry, y disfrutar de kilómetros y kilómetros de playa de arena dorada. Podéis comprar los tickets aquí, pero el precio i/v son 60€, vamos que el día de playa sale un poco carete, no?

Te voy a dar una buena noticia, no te preocupes si solo tienes 3 días para pasar en la isla, porque aún así te vas a llevar una buena idea de la isla. Nosotras intentamos hacer un poco de todo, e hicimos 3 rutas en la isla, una por el este, otro por el centro y otra por el oeste. Vimos los típicos pueblos, las famosas piscinas naturales al noreste de la isla, hicimos las famosas levadas y algún pequeño trekking entre picos, y por supuesto disfrutamos de la preciosa ciudad de Funchal ¿Crees que será suficiente? Pues sigue leyendo que ahora te cuento todo sobre estos preciosos lugares que visitamos en Madeira.


¿Qué ver en 3 días en Madeira?


DÍA 1 :

Funchal - Cámara de Lobos - Cabo Girao - Faja dos Padres - Porto Moniz - Grutas San Vicente

Por la mañana temprano, y con intención de aprovechar el día, nos llevaron hasta donde estábamos alojadas nuestro coche de alquiler, y así comenzamos nuestra primera ruta por Madeira.

La primera parada, Cámara de Lobos, estaba a unos 10 kms de Funchal. Se trata de un pequeño pueblo pesquero, que si os soy sincera bien podría recordarnos con su pequeño puerto y casas sobre la ladera de la montaña a algunos de los pueblos pesqueros que tenemos por Asturias o por Galicia.


Pero Cámara de Lobos se mostraba de gala, estaba en fiestas, y sus calles adornadas y puertas decoradas nos dieron la bienvenida de una manera diferente. Y por supuesto nos encantó, tanto como para que nuestra atención se dispersara y olvidaremos poner el ticket de la zona azul con la correspondiente multa cuando llegáramos!!! Vaya dos!!! Menos mal que todo tiene solución...


Desde allí nos dirigimos hasta Cabo Girao, que estaba muy cerquita. Aquí fue donde empezamos a experimentar la conducción de Madeira. Carreteras sinuosas y empinadas, que hicieron dejar sin aliento hasta el mismísimo coche que no tiraba. En una de ellas tuvimos que parar por obras, y luego no había manera de que el coche tirara, cada vez que lo intentábamos el coche se nos iba para atrás. Menos mal, que uno de los hombres de la obra se brindó a sacárnoslo de allí. La potencia no era la que pensábamos, ni la que creíamos haber contratado... y por supuesto imposible hacer aquellas cuestas con el aire acondicionado puesto. Buen inicio en Madeira, entre multas y coche que no tiraba, llevábamos una mañana servida de emociones! 

Y aunque costó, llegamos hasta el magnífico mirador de Cabo Girao. Desde este acantilado se obtienen unas espectaculares vistas, y es que sus 580 metros de altura, lo convierten en el acantilado más alto de Europa y segundo del mundo. Probablemente no es el mejor sitio para los que sufran de vértigo pues el mirador está construido sobre una plataforma con suelo de vidrio, por lo que da la sensación de vacío y de flotar en el aire. El sitio no es muy grande así que a pesar del enclave del mirador y de las vistas, sino se va a primera hora puede pasar que os lo encontréis lleno de gente como nos pasó a nosotras. Quizás este fue uno de los pocos sitios en Madeira, en la que la cantidad de turismo llegó a ser molesto, y nos dio rabia porque a pesar de haber madrugado ese día perdimos un montón de tiempo con la dichosa multa de Cámara de Lobos, llegando justo a última hora de la mañana, la peor hora probablemente...


Desde allí con ganas de más vistas nos fuimos hasta Faja dos Padres. Otro precioso acantilado, que aún no siendo tan alto, tiene la particularidad que conecta con la playa a través de un teleférico que se descuelga por una pared vertical de 300 metros, siendo éste o el mar el único acceso para llegar a esta playa.



Esta zona está llena de cultivos agrícolas, que atravesarás al llegar con el teleférico. La playa en sí no vale nada, es de canto rodado, donde se hace difícil que tu espalda pueda reposar a gusto, así que la gente allí se queda realmente en el espigón, lo que mucho encanto no tiene. Lo bonito en sí del sitio, es el enclave, casi exclusivo, porque a penas hay un bar donde tomarte algo y relajarte, y un pequeño alojamiento donde pernoctar.


Y apurando los últimos momentos de la mañana y asadas de calor, decidimos que llegaríamos para comer a Porto Moniz, para así tomarnos allí un descanso. Con el espectacular día que estábamos teniendo, y a falta de playa... "piscina" pero de las naturales, que molan más! Ya nos imaginábamos después de la mañana sin parar,  unas horitas a la bartola, de la toalla al agua, y del agua a la toalla.

Desde Faja dos Padres hasta Porto Moniz, situado al nordeste de la isla, teníamos unos 45 minutos de trayecto, en el que pudimos disfrutar de las montañas y del color verde intenso de esta isla; pero lo que no sabíamos es que Madeira, precisamente por esas imponentes montañas que subes, bajas y atraviesas nos tenía preparada una sorpresa. Poco antes de llegar, y como si atravesaremos el túnel del Negrón que comunica León con Asturias, aquel día maravilloso en el que Lorenzo brillaba con fuerza en un cielo totalmente despejado, se esfumó dejando lugar a un cielo plomizo y un tiempo bastante desapacible. Vaya justo en ese instante que necesitábamos calor para disfrutar del sitio! Nos preguntamos si quizás hubiéramos llegado antes si habríamos conseguido disfrutar del sitio con unos rayos de sol, o es que quizás en esta zona de Madeira debido a su relieve, el tiempo no siempre era bueno...


Porto Moniz es famoso por las piscinas naturales que se han formado entre las rocas volcánicas, y en el que el hombre ha metido mano para que sean unas instalaciones seguras y de fácil acceso. La verdad  es que el sitio es precioso, pero con aquel día lo que menos ganas tenía uno era entrar a bañarse, dando además por hecho que tratándose del Atlántico precisamente el agua caliente no estaría. Aún así me sorprendió la cantidad de gente  que había dentro, unos simplemente paseando, otros a remojo y otros más valientes saltando desde las rocas al vacío del océano.

Las piscinas se pueden ver desde el paseo, pero al enteramos lo barata que costaba la entrada, tan solo 1'25€, decidimos entrar aunque fuera solo por verlas mejor y sacar algunas fotos. Dentro hay duchas, taquillas, alquiler de tumbonas y hasta un bar. Una vez allí, decidimos igualmente tomarnos el descanso que habíamos planeado, aunque por eso de ya que estamos aquí pensábamos que era una pena irnos sin probar el agua aunque sea para decir que está muy fría o por el postureo de la foto jajjaja, y resultó que fue en el último momento cuando nos decidimos y nos dimos cuenta que el agua tampoco estaba tan mal! Fresquita pero mucho menos de lo que imaginábamos. Sentimos rabia porque llegamos acaloradas y con muchas ganas de baño, y cuando bajamos del coche aquella sensación voló,  pero sabemos que de haber brillado el sol hubiera sido maravilloso...


En Porto Moniz hay dos zonas de piscinas naturales, una es de la que acabo de hablaros y que seguro habréis visto en muchas fotos de Madeira, y las otras están  casi al lado, justo a la entrada del pueblo y se conocen como las piscinas naturales de Cachalote. Es una zona bastante más pequeña, más tranquila y sin tanta gente. La entrada es gratuita, y personalmente a pesar de ser más pequeñas tienen más encanto porque se ven más naturales, ya que no se ve tanto la acción del hombre. Al igual que las piscinas de Porto Moniz, se pueden ver también desde el paseo.

Aún teníamos una última parada prevista antes de llegar a Funchal, y era las grutas de San Vicente que además nos pillaban ya de camino de vuelta. El problema es que el último grupo era a las 18:00, y entre el baño no previsto de última hora en las piscinas y que nuestro GPS nos jugó una mala pasada con las indicaciones, el caso es que llegamos media hora más tarde y finalmente nos quedamos con las ganas!!! Bueno, no fue un drama porque ya he visto más grutas de este tipo pero sí que nos dio rabia, porque no las vimos por fallo técnico jjejeje Típico en los viajes...

Ah! Por cierto, nuestras dudas sobre el tiempo en Porto Moniz se esfumaron en cuanto salimos de allí ya que al volver a pasar algunos de aquellos túneles el cielo volvía estar como antes, totalmente despejado, como sino hubiera ocurrido nada y el sol aún apretaba, aunque claro con menos fuerza.


Llegamos a Funchal, reventadas del día y de lo poco que habíamos dormido la noche anterior por nuestra llegada tardía a la isla, así que comimos algo rápido y a la cama pronto para reponer fuerzas para los días que quedaban.


DIA 2 :

Funchal - Pico Arieiro - Funchal

Este día lo dedicamos medio día hacer algo de monte en el centro de la isla, y por la tarde a la ciudad de Funchal.

Pico Arieiro, con sus 1818m, es el tercer punto más alto de la isla. La suerte de este pico es que se puede llegar en coche hasta arriba, así que si no eres muy de monte no te preocupes, porque puedes verlo e irte, sin tener que pegarte ninguna pateada. El sitio es una de las visitas casi obligadas de Madeira, y casi que podría decir que fue uno de los sitios que más me gustó de la isla. Las vistas son indescriptibles, sobre todo por ese mar de nubes que envuelve el horizonte, un fenómeno muy típico en esta zona.




La verdad es que íbamos un poco acojonadas por la subida que tendríamos y más después del percance del día anterior, pero la carretera estaba fenomenal y no encontramos apenas tráfico, eso sí, aunque la distancia no es grande, al ser carretera de montaña nos llevó casi una hora llegar. Como recomendación vale la pena madrugar un poco y llegar temprano para ver el sitio relajado, con poca gente, y porque además el parking que hay arriba no es que sea muy grande y a eso de las 10:30-11.00 empiezan a llegar autobuses con gente de los tours que invaden el poco sitio que queda.

Para los senderistas hay una ruta que sale desde Pico Arieiro hasta Pico Ruivo, el pico más alto de la isla, en las que el paisaje es una maravilla. La ruta es para gente que vaya con tiempo y preparada, ya que lleva prácticamente toda la jornada, unas 7-8h i/v. Además el camino está lleno de desniveles, con un sinfín de escaleras, así que un poco rompe-piernas... aún así aseguran que es una de las rutas más espectaculares de la isla y a juzgar por lo que vimos estoy segura de que será cierto.  Pico Ruivo solo es accesible de esta manera, o yendo por Santana hasta Achada do Teixeira, dónde una vez allí tendrás hora y media de ruta hasta alcanzar Pico Ruivo.



Si como nosotras no dispones de tanto tiempo, al menos recomendamos ir hasta el primer o segundo mirador que te llevará aproximadamente 1h y media ida y vuelta, y desde luego merece la pena. Habrá un momento que después de los miradores, empezarás solo a bajar y a bajar por escaleras bordeando toda la montaña. Será entonces cuando verás que muchos dan la vuelta, y ahí será cuando tu decisión de poner fin será acertada porque luego todo eso te tocará de subida jjejejej


Después de pasar casi medio día allí, volvimos para conocer Funchal, con tanta suerte de encontrar sitio para aparcar justo en el casco antiguo, junto al Mercado de Labradores, y donde ya podríamos dejarlo hasta el día siguiente sin tener que pagar zona azul porque ya era sábado por la tarde. Veníamos sedientas y quisimos refrescarnos con una de las famosas ponchas típicas de Madeira, hecho a base de aguardiente de caña de azúcar, azúcar y limón, y madre mía! qué bueno! y que peligro tienen... pero solo una que ahora tocaba visita por la ciudad jajjaja

Comenzamos la ruta turística por Funchal subiéndonos al teleférico para subir a la parte más alta de la ciudad, hasta el barrio de Monte que se encuentra a 550 m por encima del nivel del mar. Desde luego, será por teleféricos en esta isla? Venir y no subirte a ninguno es como si no hubieras estado en Madeira. El viaje te permite obtener una buena panorámica de la ciudad y del puerto, y una vez arriba hay varias visitas para hacer como el Jardín Botánico, la iglesia de Nuestra Señora de Monte o los Jardines Tropicales de Monte Palace.


El precio del teleférico es de 11€ o de 16€ si también coges la vuelta, aunque no veo necesario hacer el viaje dos veces. Puedes bajar andando o aún mejor, porque si lo de subir en el teleférico es como un obligado de toda visita a Madeira, también lo es bajar en los famosos Carros do Monte, unos cestos de mimbre que se han convertido en una de las cosas más representativas de la isla. Sí, son una turistada. Sí, son caros. Pero hay que probarlos, son únicos, originales y divertidos ¿Cuántas veces vas a tener la oportunidad de probarlos? Y de todas formas una vez allí arriba en Monte habrá que bajar, no? pues hagámoslo como toca la tradición.

Dos de los Carreiros do Monte, vestidos de blanco, con su típico gorro madeirense y botas con suela de goma para frenar, son los encargados de manejar los cestos cuesta abajo, y doblando con gran destreza en cada curva. La loca carrera de 2kms hasta el barrio de Livramento se recorren en 5 minutos escasos, donde las risas están aseguradas, aunque lo cierto es que esta bajada en carro está bastante explotada. Primero su precio es bastante alto, ya que cuesta 25€ dos personas, luego casi a punto de llegar en una de las curvas a modo de atracción te sacan una foto por la que te quieren cobrar luego 10€ más! pero que cuando vean que no te la llevas te harán una rebajilla por 5€, y ya para rematar te preguntan que si te gustó a la vez que te piden la correspondiente propina!!! Vamos que tienen un super negocio montado con todo, pero bueno a pesar de esto sigo recomendándolo. El viaje, claro está, hay que pagarlo pero lo demás siempre se puede capear...


Desde donde te dejan los carreiros hay una tiradita hasta abajo. Veréis varios taxistas allí esperando por si queréis que os bajen, aunque podéis daros un paseo tranquilamente hasta abajo. En poco menos de media hora habréis llegado a la Zona Velha, el casco viejo, y como es cuesta abajo tampoco supone tanto esfuerzo.

La calle principal de la Zona Velha es la rua de Santa Maria, famosa por sus puertas pintadas. En esta estrecha calle empedrada, distintos artistas han participado para el proyecto "ArtE PORtas abErtas" poniendo así su granito de arena con su arte y pintando cada una de las puertas. De esta manera han conseguido que una vieja y olvidada calle vuelva a cobrar vida y se haya convertido hoy en otro reclamo turístico. En la rua Santa María además de disfrutar del arte en la calle, también podrás sentarte a tomar algo o cenar, ya que muchos bares y restaurantes han cogido pequeños locales donde ofrecen los platos típicos de Madeira, especialmente espetada de carne o pez espada cocinado con plátano.


Madeira nos había llevado hasta allí para celebrar nuestro dígito, y aún no lo habíamos festejado! Era pronto para cenar, pero no para volver a degustar en alguna terracita una poncha bien fresquita, y ya que estábamos por qué no acompañarlas de esas famosas lapas que tenían tan buena pinta. Nunca había probado lapas tan ricas y eso que vengo del norte!!! Las lapas resultaron como las pipas, y una siguió a otra, igual que otros espirituosos, pero puestas a probar cosas de allí, decidimos dejar la poncha para seguir con la Nikita, hecha con cerveza, helado de vainilla y trocitos de piña. Menuda mezcla la Nikita, y menuda mezcla lo nuestro, pero que bueno todo!!!


Decidimos hacer una pausa entre "aperitivo" y cena para que aquello no siguiera subiendo con el estómago vacío. Y dando una vuelta buscando sitios nuevos, dimos con el final del barrio Santa María, donde nos encontramos de frente con el Fuerte de Sâo Tiago, uno de los tres fuertes de la ciudad que se construyó para evitar los ataques piratas. Este tiene un encanto especial por su color. Hoy en día en su interior se encuentra un museo con piezas de arte, y también un restaurante que por su ubicación y vistas al puerto seguro que no será barato.

Después del paseo, y de ver el bonito atardecer, empezamos a buscar sitio para cenar donde seguimos disfrutando de la gastronomía de Madeira, y así pusimos fin al día. Un poco de relax esa tarde no nos vino nada mal, y Funchal, que decir, que nos encantó!




DIA 3 :

Funchal - Parque de las Queimadas (levada Caldeirao Verde) - Santana - Punta San Lorenzo - Garajau - Funchal

Último día en Madeira, en el que llevábamos la agenda un poco apretada. El día lo dedicamos al norte y este de la isla.

Haciendo un último esfuerzo por aprovechar el tiempo en la isla, madrugamos para hacer una de las famosas levadas de Madeira ¿Cómo irnos sin conocer al menos una de las levadas?

Las levadas son unos canales de agua que se construyeron a partir del s. XVI para llevar el agua desde el norte y centro de la isla hasta el sur mucho más seco, favoreciendo su uso a la población, así como para los cultivos. Muchos de ellas se construyeron en la misma montaña y sobre acantilados siendo una verdadera obra de ingeniería. Hoy en día junto al curso de las levadas se han habilitados senderos paralelos que nos llevan a conocer el paisaje tan bonito de esta tierra. Hay un montón de levadas repartidas por toda la isla, unas de recorrido más largo y otras más corta, pero en general suelen ser bastante fáciles. Las más populares son la de la Levada da 25 Fontes y la de Levada do Caldeirao Verde, que fue la que escogimos nosotras.


La levada do Caldeirao Verde se encuentra en el norte de la isla, muy cerquita de Santana, exactamente en el Parque de las Queimadas. La ruta son unos 13 kms ida y vuelta, pero a penas hay desnivel, así que es muy cómoda de hacer. Nada más llegar podrás ver las típicas casas de esta zona de las Queimadas, que parecen de cuento. Desde aquí comienza el sendero que poco a poco se va estrechando, transcurriendo muchas veces sobre el mismo borde de la montaña, aunque no hay ningún peligro ya que hay unas cuerdas de protección. También hay algunos túneles que atravesar, por lo que es conveniente llevar alguna frontal, o incluso con la misma linterna del móvil que casi que alumbran más. La levada es bastante húmeda, así que dependiendo del tiempo que haya hecho podremos encontrar más o menos agua que embarran el sendero, así como pequeñas cascadas que caen en el camino pudiéndonos mojar, por lo que es recomendable llevar también chubasquero. En el final de la ruta llegaremos a la famosa poza de agua llamado el Caldero Verde, que da nombre a la ruta. La ruta si se quiere, se puede continuar hasta otra poza conocida como Caldeirao do Inferno, y se encuentra a 2h. más desde allí. Nosotros solo llegamos hasta aquí, ya que la ruta ida y vuelta, con las correspondiente paradas para fotos son unas 5h y media, y queríamos la tarde aprovecharla para ver otras cosas.


Una vez terminada la mañana de senderismo, decidimos ir a comer a Santana, que se encontraba a pocos kilómetros de allí. Este pueblo es muy conocido por las tradicionales casas de Madeira, con forma triangular y con techos de caña, incluso tiene un parque temático sobre esto. Realmente el encanto del pueblo se reduce a esto, pero si estas de paso o te has decidido por hacer alguna levada de la zona, merece una parada. Tuvimos suerte que frente a las típicas casas, hay una plazoleta donde se reunieron varias personas cantando y tocando con los instrumentos típicos de la isla.


También pudimos cotillear por el mercado la cantidad de frutas exóticas de la isla. Merece la pena darse un paseo por el Mercado de Labradores en Funchal o cualquiera que uno encuentre como el que vimos en Santana, porque por pequeño que sea uno puede alucinar de la gran variedad de frutas de la pasión que tienen! La gran mayoría desconocidas totalmente para mí!

Seguimos completando nuestra ruta, y esta vez nos dirigimos a la Punta San Lorenzo, al extremo este de la isla, donde el paisaje cambia por completo. De repente la vegetación desaparece, y los acantilados se extienden como sin fin. Un sendero nos permite obtener una buena panorámica, aunque lo que no sabíamos es que sin posibilidad de acceder con el coche hasta el final, el camino se extiende bordeando todo el acantilado, en una ruta que puede llevar perfectamente otras 3h ida y vuelta. No contábamos con ello, y sin disponer de tiempo para hacerlo, decidimos al menos recorrer una hora para ver lo que nos depara la primera parte de aquel enorme peñasco al otro lado. El acantilado toma tonos rojizos, negros, marrones que se entremezclan, y vemos una pequeña playa abajo. El sol aprieta, y sin ningún tipo de resguardo, es recomendable llevar agua y protección. Una vez más, y casi ya en nuestras últimas horas en la isla, podemos decir que Madeira nos vuelve a sorprender con sus paisajes, está vez con uno muy distinto al que hemos visto hasta ahora. En esta zona de la isla no hay nada, más que un mega resort, hecho con gusto, a modo de pequeña ciudad con todo tipo de servicio para unas vacaciones a todo lujo alejados del resto de la isla.


Con pena dejamos ya el lugar para volver a Funchal, pero justo antes de llegar una última parada en el pequeño pueblo de Garajau donde encontramos más acantilados bonitos, y la figura de Cristo Rey mirando al inmenso Atlántico, que recuerda tanto al Cristo Redentor de Brasil.


Y así despedimos Madeira, una isla que nos ha encantado y que no nos importaría volver a repetir. Nos queda un bonito recuerdo del viaje, y esta ha sido sin duda una manera especial y diferente de celebrar un cumpleaños!


* Info útil: 

- Para ir del aeropuerto de Funchal al centro hay un aerobús que cuesta 8€ ida y vuelta. Opera desde las 8:30 de la mañana hasta las 00:45, pero el último bus si hay retraso en el vuelo espera hasta 1h, algo que debe ser frecuente y que nosotras sufrimos... El trayecto al centro son unos 30 minutos. Si queréis más información sobre el aerobús, o cualquier otra línea de bus regular en la isla podéis visitar la página sam.pt

- Un buen sitio para alojarse en Funchal es el barrio Santa Lucía, donde hay bastante comercio, y tiene su encanto con su Catedral Sé. Nosotros la teníamos justo enfrente, y daba gusto abrir las ventanas por las mañana y despertarse con esas vistas.


- La mejor manera de conocer la isla es cogiendo un coche de alquiler, ya que el transporte público ni es muy bueno ni cubre quizás todos los sitios a los que quieras llegar. Hay otros viajeros que optan por contratar un taxista particular que les lleva a conocer la isla, y allí ya tendréis que pactar los sitios y el precio. Como siempre digo, atención y cuido con los alquileres de coches para que no haya ningún disgusto. Nosotros alquilamos con Funchal Carhire y reservamos desde su página web. Lo bueno de esta empresa es que nos permitió pagar en efectivo al llegar, y no tener que dar ninguna tarjeta de crédito para evitar sustos de cobros inesperados.

- Por último si hacéis escala en Lisboa, que la haréis casi seguro, y tenéis varias horas, aprovechar para daros una vuelta por la ciudad. El aeropuerto está prácticamente en la ciudad, a 6 kms, y tenéis buses y metro por sólo 1,40€. Nosotras aprovechamos toda la mañana de paseo por Lisboa, recorriendo desde Restauradores hasta la Plaza de Comercio y el barrio la Alfama. Sin quererlo Madeira nos llevó a nuestro último viaje juntas, que nos valió para renovar aquellas viejas fotos que teníamos jejjejeje  





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